Triples por todos lados, pivots tirando de larga distancia, grandotes asistiendo, temporadas que parecen que están definidas antes de empezar. Elementos que parecen que no estaban en el pasado reciente de la NBA, pero sí lo hacen hoy. Es normal que el deporte, así como el resto de los elementos de la vida vayan, evolucionando con el correr del tiempo. Sin embargo, si uno compara las tendencias y juego de la liga más importante de básquetbol del mundo diez años atrás y lo que es ahora, encontrará diferencias abismales. Hace una década dominaba el Big Three de Kevin Garnett, Ray Allen y Paul Pierce en Boston, comenzaba la hegemonía de la pintura de Dwight Howard y pocos años atrás, Steve Nash, general de Phoenix Suns, era elegido MVP dos años seguidos.

Steve Nash

 

Hoy son cosas difíciles de encontrar.El mismo Dwight Howard comenzó a expandir su rango lanzando triples y los bases más determinantes de la liga son más anotadores que asistidores. Desde este espacio, intentaremos descomponer algunos de estos cambios, poniéndole números duros a la evolución de la NBA.

La revolución del triple

Los Splash Brothers, Stephen Curry, especialistas como Kyle Korver: todas características de la NBA de hoy, inexistentes pocos años atrás. Si uno ve la historia reciente, los récords sobre triples se van rompiendo constantemente  a nivel equipo e individual. Todo esto hace que nos preguntemos acerca de cómo fue evolucionando este fenómeno desde la instauración de la línea de tres.

Francamente, y viendo todo rápidamente, cualquier cosa que relacione el tiro de tres puntos con la NBA, va en ascenso. No parece haber indicador que muestre un descenso de la importancia relativa del triple en esta liga. Cada vez más este tiro cobra más importancia con respecto al juego de media distancia o en la pintura (en 1980, 3% de los tiros de campo lanzados eran de larga distancia; en la última temporada este número llegó a 34%). Es decir, en 1980, 1 de cada 33 tiros era un triple, hoy esa relación es de 1 de cada 3. Por otro lado, el “campeón del triple” (es decir, el jugador con más tiros de este tipo convertidos en una temporada), cada vez convierte más (en 1981 eran 57 conversiones mientras que, en 2016, Stephen Curry convirtió 402).

En 1980, uno de cada 33 tiros era un triple. Hoy esa relación es de uno cada tres. En 1981 el mejor triplero anotó 57 conversiones. En 2016, Steph Curry anotó 402

Por otro lado, esta tendencia hacia los tiros de larga distancia ha generado que se hayan formado especialistas de los triples: no sólo los “campeones del triple” concentran gran porcentaje de sus tiros atrás de la línea de tres -como se ve en el gráfico que está en el extremo inferior derecho-, sino que, además, el crecimiento de verdaderos especialistas, que realizan más de la mitad de sus tiros en forma de triples, ha sido exponencial: hasta 1994, nunca hubo más de 4 jugadores en toda la liga que hicieran esto, pero en la última temporada regular, este número llegó a 131 jugadores.

Es decir, este fenómeno ha cambiado a la liga en su raíz: el juego. No es difícil pensar en equipos cuya arma letal son sus francotiradores de los tres puntos (si uno ve la temporada pasada, Houston y Golden State). Es difícil pensar en un equipo que quiere ser campeón y no tenga a al menos un jugador que pueda realizar daños mayúsculos con tiros lejanos. El juego se ha alejado de la pintura y se concentra en las alas de la cancha, expandiendo el rango de todos los jugadores: para sobrevivir en la liga hay que saber tirar triples. Ese punto adicional por tiro de campo ha hecho suficiente como para cambiar el foco del juego. Si uno piensa en las últimas tres finales de NBA, algunas de las jugadas más determinantes de dichas series han sido triples: el de Kyrie Irving para definir el séptimo juego en 2016 y las dagas de Kevin Durant para definir partidos clave en 2017 y 2018. Si nos vamos algunos años para atrás, sale rápido a la mente el tiro de Ray Allen en el sexto juego de la serie final de 2013 del Heat contra los Spurs. Los triples hoy definen partidos, series, campeonatos y el propio juego de la liga de básquetbol más importante del mundo.

Los pivots perdieron impacto, pero evolucionaron

Una imagen que me chocó mucho en los últimos años fue ver a Dwight Howard lanzando triples. Quien era un verdadero as de la pintura, generando impacto con su gran físico en la denominada “tierra de gigantes” terminó cambiando su juego, sin poder generar un diferencial cerca del aro. Hoy ya no existe ese pivot clásico con 20 puntos y 20 rebotes por partido. Tampoco existen centros que generen el impacto que tenía Shaquille O’Neal a comienzos de la década de los 2000 o Patrick Ewing en la década de 1990. Por lo tanto, veremos la evolución de esta posición en los últimos años:

Continuando con el apartado anterior, se puede pensar que los pivots han llegado tarde pero no han podido evitar a la “revolución del triple: en 2015 pivot típico lanzaba 3% (es decir, 1 de cada 33) de sus tiros detrás de la línea de 3; hoy ese número llegó a 11%. Por otro lado, los pivots han perdido cierta relevancia en el juego: ya no hay fuerzas dominantes como Shaq en los 2000 o Kareem en 1980 (difícil decir que Rudy Gobert o Clint Capela hoy tienen el mismo impacto que estas leyendas), lo cual se ha traducido en evidencia numérica. Utilizando la métrica de eficiencia de los jugadores armada por la NBA (PER) y arma un top 10 por año de todos los basquetbolistas de la liga y evalúa cómo ha evolucionado este ranking en las distintas décadas, llega a que en la década de 1990 3,5 jugadores de este top 10 eran pivots (es decir, en la década de 1990, 3,5 de los 10 jugadores más eficientes de la liga eran pivots), mientras que en la última década este número llegó a 1,77. Una reducción significativa.

El juego se alejó de la zona pintada y se concentra en las alas de la cancha. Hoy para sobrevivir en la NBA hay que saber tirar triples. En 2015 un pivot típico tiraba un 3% de triples, hoy alcanza un 11%

Es más, en 2018 fue el primer año de la muestra para el cual no había pivots en este top 10. Por otro lado, si uno se concentra en el premio al jugador más valioso del año de la NBA, la cantidad de MVPs pivots se ha reducido por década y hemos llegado a que no haya centros con este galardón desde que ha comenzado la década presente. Aclaro además que el número de la década del 2000 no contempla jugadores que se han desempeñado como pivots en algún momento de su carrera, como Tim Duncan y Kevin Garnett, pero que al momento de recibir el premio, jugaban de ala pivots. Es decir, el dominio en el juego pasa por otro lado hoy: el equipo invencible no es el que tiene el juego interior más fuerte (no hace falta explicar las razones del dominio de la ofensiva de los Warriors), los grandotes ya no son estrellas, sino que pasaron a ser jugadores de reparto. Es por esto quizás que la posición está evolucionando: uno de los pivots jóvenes con más proyección -Karl-Anthony Towns- entró a la liga sabiendo tirar, viejos dominadores de la pintura hoy expanden su rango hasta llegar a la línea de tres. Los pivots están respondiendo y habrá que ver si su cambio está a la altura de la vertiginosa evolución de la NBA.

Bases: tiran más de lo que pasan y se volvieron más importantes

Al pensar mentalmente en los últimos MVPs de la NBA, tres bases saltan a la mente: Derrick Rose, Stephen Curry y Russell Westbrook. Uno fácilmente podría argumentar que los tres son grandes anotadores; pero, sin embargo, la sensación es que al menos dos de estos jugadores se concentran más en anotar que en pasar. Por otro lado, y cambiando el eje, al recorrer el equipo de los 30 equipos de la liga, es mucha la cantidad de conjuntos para los cuales el base titular se encuentra en las tres figuras indiscutidas. Teniendo en cuenta esto, uno puede decir que la contracara de la pérdida de importancia de los pivots ha sido el aumento del impacto de los bases:

Viendo los datos y utilizando las estadísticas estándar de juego, podemos armar un ratio de los puntos convertidos por un jugador y las asistencias dadas. Por más que este cociente no tiene una interpretación intuitiva, su crecimiento nos dice que los jugadores optan por anotar en vez de hacer un pase que facilite la anotación de un compañero. Y este es el caso en los últimos años para los bases de la NBA: en 1990 un base convertía 1,82 puntos por asistencia dada, mientras que en 2018 ese número llegó a 2,88. Además, este número parece estar en franco crecimiento ya que este ratio ya lleva 5 años de aumento consecutivo. No por nada hoy sucede que varios de los mejores pasadores de la NBA no son bases (por ejemplo, Lebron James). Por otro lado, volviendo al estudio de los jugadores galardonados con el premio de MVP, en la última década hemos visto que casi la mitad de estos son bases (Rose, Curry x2 y Westbrook), lo cual supera a las 3 décadas anteriores. Es más, si se ve la historia desde 1980, se tardó 18 años en tener 4 MVPs que sean bases (Magic Johnson x3 y Steve Nash), mientras que se ha tardado solo 6 años desde 2011 para llegar a la misma marca. La NBA además presenta estadísticas “avanzadas” que permiten poner la lupa sobre la evolución de estos fenómenos en el tiempo. Primero, podemos observar la métrica llamada “win shares”, que estima la cantidad de victorias contribuidas por un jugador. Si se toma el promedio de los 10 mejores bases según esta medida y se lo divide por el promedio de la liga, podemos medir el impacto de la elite de esta posición por sobre la media de la NBA.

En la década del 80, los bases contribuían 2,73 veces a la victoria de su equipo. Ahora lo hacen 3,64 veces más

En este sentido, en la década de 1980 los 10 bases con más impacto contribuían 2,73 veces más a las victorias de sus equipos que el promedio de la liga. En la década que comenzó en 2010, contribuyen 3,64 veces más. Esto habla del mayor impacto de esta posición y de que su elite genera más en sus equipos de lo que hacían años atrás. Por otro lado, el porcentaje de uso mide “el porcentaje de las jugadas de un equipo utilizadas por un jugador mientras estaba en la cancha”. Es decir que mientras este número crezca, más importante se ha vuelto este jugador en el armado del juego de un equipo. Si se toma el promedio de este valor para todos los bases por año y ve la evolución de la medida por década, se ve que este número no sólo va en franco ascenso, sino que ha llegado a valores máximos en los últimos años. Así como con el resto de la NBA, el juego de los bases ha cambiado; pero no sólo esto, sino que se han vuelto más importantes en sus equipos.

LeBron James (Lakers)

 Lo que no cambió mucho: el nivel de competitividad

Sin dudas una de las sensaciones que ha recorrido a más de un fanático de la pelota naranja en los últimos años es que las únicas series relevantes para definir al campeón eran sólo las finales de conferencia del Oeste y la final (ya que en el Este sólo importaba en qué equipo estaba Lebron). A mediados de febrero pasado ya se sabía que la final de conferencia del Oeste posiblemente sea entre Houston y Golden State y que la única duda de caras a la final era si Harden y Chris Paul tenían lo suficiente como para derrotar a Durant, Curry y compañía. Charlando con amigos fanáticos de la liga, varios estaban seguros de que el campeón de esta temporada ya estaba definido. Viendo esto, es interesante ver si este fenómeno es algo aislado o repetido en la historia de la NBA:

Para varios de estos gráficos utilizamos como métrica la diferencia promedio entre los partidos ganados del líder de la conferencia y el resto de los clasificados a los playoffs. Con un pequeño ejemplo, esto se va a entender más. En un caso en el que el líder tiene 60 partidos ganados, el segundo 57, y el tercero, cuarto, quinto, sexto, séptimo y octavo tienen 55, 50, 49, 48, 40 y 30 respectivamente, pensaremos en la distancia promedio entre el primero y el resto. En este caso, la distancia promedio sería 13,57 (es decir, el promedio simple entre 3 -la distancia entre el primero y el segundo-, 5, 10, 11, 12, 20 y 30). Al incluir el promedio de estas diferencias, podemos ponderar por la ventaja del primero con el resto de los equipos, en vez de quedarnos con un solo de dato de comparar la distancia contra el segundo o contra el quinto, por lo que nuestro análisis se puede volver más rico.

James Harden (Houston Rockets)

Por otro lado, más partidos de diferencia implican menor competitividad ya que el líder se encuentra en promedio, más alejado del resto de sus retadores. Al ver la evolución de esta medida a lo largo del tiempo observamos que no hay un patrón o tendencia histórica: salvo por un aumento de la competitividad en la década de 2000, no ha habido un baja significativa de los niveles históricos de competitividad en los últimos años. Por otro lado, en el gráfico que se encuentra en el extremo inferior izquierdo, calculamos algunas estadísticas descriptivas, lo cual nos indica que, por ejemplo, en 50% de las observaciones estudiadas hay una diferencia mayor a 12,29 partidos entre el líder y el resto de los clasificados. Por otro lado, viendo la evolución de la métrica para la historia de ambas conferencias podemos observar que 29% de las observaciones entre ambas conferencias reflejan un menor nivel de competitividad que la clasificación de la conferencia del Oeste para los playoffs de 2018, lo cual indica que lo que pasó este año no es algo único en la historia. Concentrándonos en esta conferencia, podemos ver que el mayor nivel de competitividad se dio en la década del 2000, cuando batallaban los Spurs de Duncan y Manu, los Suns de Nash, los Wolves de Garnett y los Lakers de Kobe por un lugar en la final. Por el resto de los períodos, la competitividad ha sido menor y relativamente similar entre sí. Otra medida de competitividad utilizada ha sido la cantidad de partidos perdidos en los playoffs por el campeón de la NBA (una mayor cantidad de partidos perdidos refleja un mayor nivel de competitividad). Lo mismo sucede en esta métrica: en los 2000 nos habíamos acostumbrado a un nivel de competencia significativamente mayor a lo observado en 1980 o 1990. Hoy no estamos viviendo niveles históricamente bajos, sino que solo estamos aproximándonos a los promedios de estas décadas pasadas.

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Conclusiones: Hemos visto que la NBA es una liga en constante cambio y crecimiento. El juego, las tendencias, las nacionalidades de los jugadores son todos elementos que se han modificado a lo largo de los años. El juego evoluciona y para mantenerse a tiro y con posibilidades de salir campeón hay que acompañar a las tendencias y no quedarse quietos. Habrá que ver quién se mantiene en carrera y quién puede llegar a ser una especie en extinción.

NOTA:
Para todas las visualizaciones se ha tomado como referencia a basketball-reference.com

Nicolás García Aramouni

Analista Invitado