Ada Hegerberg, la mejor futbolista del planeta, no viajó a Francia con la selección de Noruega a disputar el Mundial femenino. Se negó a integrar el combinado nacional en forma de protesta: quería igualdad de trato entre el equipo de mujeres y el de hombres. Quería mejores instalaciones en los entrenamientos, mismas condiciones en los viajes, hospedarse en los hoteles donde dormían sus colegas varones.

Pero que no haya disputado el Mundial no significa que Hegerberg no haya viajado a Francia. La estrella ausente estuvo presente en la casa club de Copa90 de París durante todo el certamen. Y no estuvo jugando al fútbol, estuvo haciendo mucho más que eso: se reunió con fanáticos, habló en un panel y grabó contenido exclusivo para el medio que viene tomando más fuerza en el mundo del contenido deportivo.

La compañía de medios deportivos digitales basada en Londres se mudó a la capital francesa durante todo el torneo para crear un ambiente y generar un espacio donde el fútbol, la música y la moda pudieran convivir durante un mes. Un sitio donde la mejor jugadora del mundo pudiera sentarse a jugar a un juego retro para niños y niñas llamado Tozudo.

En la búsqueda eterna de las marcas de conseguir una relación más directa y exclusiva con sus consumidores, Copa90 irrumpió en el mercado con mecanismos innovadores y efectivos. Para su director de negocios, James Kirkham, el objetivo es construir “la base de fanáticos del fútbol más grande, activa, conectada digitalmente y multiplataforma del mundo” alrededor de fans de todas las edades, personalidades y nacionalidades. La casa club que abrieron en París puede ser un hito de la firma en su crecimiento exponencial.

“Para nosotros, el fútbol está en el corazón de la cultura popular. Podés hacer que un músico salga con un futbolista y juegue videojuegos, y cosas de ese estilo. Se trata de que puedas crear ese espacio físico para que puedas tocarlo, sentirlo, ser parte de él, en lugar de simplemente desplazarte sobre un gráfico de Instagram”, agrega Kirkham en declaraciones a Fast Company.

Para Rebecca Smith, jefa de fútbol femenino de Copa90 y ex futbolista profesional, uno de los éxitos de la casa fue la buena predisposición de los jugadores: “Por lo general, en grandes eventos como este los jugadores están bloqueados y no se les permite hacer nada por fuera de los canales oficiales. Pero a pesar de eso, tuvimos mucho compromiso por parte de ellos, y cuando pudieron, tuvieron ganas de venir a pasar el rato”. Además de huéspedes como Hegerberg y Wambach, también hubo exglorias de la Premier League como Tim Cahill y Mikael Silvestre.

Copa90 edifica el futuro de su negocio con esta premisa: más que una compañía de medios, son un club. Y en París abrieron una sede durante un mes: fueron un centro de producción de podcasts, de videos, con exposiciones de arte, con entrevistas, con indumentaria. Cuando sucedió un momento memorable como la celebración de gol de Alex Morgan contra Inglaterra en la semifinal de la Copa del Mundo, al día siguiente los fanáticos de la Copa90 pudieron comprar una camiseta de edición especial para celebrar la ocasión.

El camino, para Copa90, no es solamente informar sobre momentos relacionados con el deporte: quieren ayudar a crearlos. Planean organizar más eventos centrándose en la idea de que sus fanáticos, en realidad, son miembros del club. Están brindándoles a sus suscriptores un vistazo del contenido de su tienda virtual, de la ropa nueva, y de los eventos que van a ofrecer antes que nadie. Y quieren extender esa membresía a una oferta de suscripción a un bajo precio por mes, agregando consejos de apuestas deportivas y un intercambio para entradas para partidos.

“Todo nos llevó a una propuesta más grande dirigida al consumidor, que se encuentra en el corazón del negocio actual: es ahí donde queremos crear este club de fans conectado”, cierra Kirkham.

Redacción Analítica Sports

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