No sólo crecieron los cuerpos técnicos en el fútbol: los cuerpos médicos también aumentaron su número de integrantes en los últimos años. La ciencia avanza, las investigaciones científicas avanzan, el conocimiento avanza, y entonces es necesario tener gente que se ocupe de cuestiones específicas. Así, entre otros roles, apareció la figura del rehabilitador en el fútbol, el nexo entre el área médica y el cuerpo técnico, el conductor de la transición entre la camilla y el entrenamiento con el resto del plantel. Es el encargado de desarrollar la puesta a punto del futbolista lesionado: lo saca de la camilla, le coloca carga, hace que tenga sus primeros ejercicios con pelota, que alcance el ritmo físico del plantel sin hacer trabajos estresantes. Y ahí lo suelta para que el entrenador disponga de él.

“El objetivo es darle el jugador al preparador físico en una situación que esté preparado desde todos lados para la carga que va a venir: físicamente, psicológicamente, desde la lesión, desde lo neuromuscular, desde lo cognitivo. Busco que, una vez que se reintegra al grupo, no haya diferencias entre el futbolista lesionado y aquel que estaba entrenando. Tengo que trabajar la interacción con el preparador físico porque a veces el proceso de readaptación tiene un solapamiento entre el rehabiltador y el profe, que es donde yo necesito que haga tareas específicas del deporte. Por eso es fundamental la comunicación”, dice Matías Sampietro.

Matías Sampietro

Matías Sampietro es el rehabilitador de Belgrano de Córdoba. Su currículum es ideal para la función: es kinesiólogo, preparador físico y tiene una maestría en rehabilitación de lesiones. Llegó a Belgrano en 2002, en 2005 empezó a trabajar con el primer equipo, y ahora integra el área médica, encabezada por el doctor Luna Cáceres. Compone un cuerpo médico de seis especialistas, pero trabaja específicamente con dos personas: Carlos Arbulu, un kinesiólogo más de consultorio y Sebastián Schanton, un osteópata que hace terapia manual. Él se ocupa de implementar las tareas de campo. Compartió con más de 25 cuerpos técnicos, y en todos encontró un denominador común: respaldo para desarrollar su tarea. No es casualidad. Los directores técnicos quieren jugadores sanos, y el área médica es una pata fundamental para que eso ocurra. En Europa los readaptadores forman parte de los cuerpos técnicos, los entrenadores se los llevan de un club a otro: se convierten en la persona de confianza, en el responsable de que todos estén disponibles. En Sudamérica, en cambio, son staff permanente de los equipos. Y no se ocupan exclusivamente de los lesionados: una vez a la semana, Sampietro encabeza la entrada en calor del plantel donde propone ejercicios de prevención de lesiones. En las pretemporadas, se encarga del calentamiento tres veces a la semana.

“Ya no se habla de alta médica porque ahora hay varios niveles de alta: retorno a los entrenamientos, al juego y a la performance. Son etapas diferentes. Las altas kinésicas no se deben dar basadas en tiempos biológicos, sino en criterios..”

“Antes, la rehabilitación se basaba en asegurar que la cicatrización se haya cubierto. Ahora, además de asegurar la cicatrización, buscamos preparar al deportista para tolerar la carga que va a tener que soportar o alcanzar cuando vuelva”, asegura Sampietro. Para eso, hay una serie de tareas: el rehabilitador incorpora la pelota, trabajos de movilidad, aceleraciones, sprints. Para controlar la carga, para que el diseño de tareas sea preciso y no exceda lo que el futbolista es capaz de soportar, recurren al GPS, que les da la posibilidad de monitorear las cargas externas. Manejado por Eduardo Martínez, el GPS funciona como una hoja de ruta: la base de datos histórica del jugador marca las métricas que tenía antes de lesionarse, y eso sirve de referencia para llevarlo nuevamente a sus niveles de rendimiento.

Pero el GPS también es vital en la recuperación: “Hace tiempo vimos que un jugador que estaba por volver a competir, que en la mañana había hecho conmigo un trabajo de 4 kilómetros, cuando se realizó la ecografía por la tarde mostraba que la herida no estaba cicatrizada. Y él venía tolerando aceleraciones, desaceleraciones, sprints. El año pasado salió una investigación de Return To Play en lesiones en isquiotibiales donde decía que los datos del GPS son un criterio de alta para el futbolista: si cumple con los metros de carga externa medidos por el GPS para su puesto, es una información necesaria para decidir si un jugador está en condiciones de retornar al juego”, detalla.

El momento donde el profesional está en condiciones de retornar al juego es uno de los temas que está en discusión en el área médica en el fútbol. Las altas médicas generan un debate que involucra directamente a los rehabilitadores. Sampietro, en ese sentido, tiene una postura clara: “Ya no se habla de alta médica porque ahora hay varios niveles de alta: retorno a los entrenamientos, al juego y a la performance. Son etapas diferentes. Las altas kinésicas no se deben dar basadas en tiempos biológicos, sino en criterios: que el futbolista alcance ciertos criterios que son funcionales, psicológicos”.

Para ejemplificarlo, pone un caso testigo: “Hace tiempo se instaló que la lesión de ligamentos cruzados internos demanda 6 meses de recuperación. Incluso está el famoso caso de Martín Palermo que volvió en 4 meses y medio. Eso condiciona la toma de decisiones porque el jugador quiere volver a los 6 meses. Y la literatura actual del ligamento cruzado anterior está diciendo que si vos demorás la vuelta del jugador hasta 9 meses, obviamente cumpliendo criterios de fuerzas, estabilidad, entre otras variables, disminuís un 83% la posibilidad de que se rompa el injerto. Es un problema frenar a un jugador que seguramente esté en condiciones de volver porque esa demora va a significarle que tenga menos riesgo en volverse a romper. Además, en el medio tenés la presión del medio, de los jugadores, del representante, de la prensa que dice que son seis meses… ¡y la ciencia dice que hasta los 9 meses el tipo no está en condiciones de volver a jugar sin riesgos de volver romperse!”, sostiene.

“Se instaló que un futbolista con rotura de ligamentos puede volver a los 6 meses, pero la ciencia asegura que si el lapso es de 9 meses, ese jugador tiene un 83 por ciento menos de posibilidades de volver a romperse..”

Por último, Sampietro también hace énfasis en cuatro patas para que el profesional esté óptimo y prevenga lesiones: “Hay cuatro grandes elementos de la prevención que son: las intervenciones específicas (cómo detectás y manejás los factores de riesgo), la medida de la recuperación pre-intra y post esfuerzo (baños de agua fría, de contraste, terapia frío calor), el monitoreo de la carga (se monitorea que no haya saltos de carga en los jugadores que entrenan normal), la parte nutricional y hay un quinto elemento que va a tomar importancia que es el elemento psicológico y emocional, la dimensión psicoemocional del jugador. Se comprobó, por ejemplo, que si un jugador está con un nivel alto de ansiedad influye en la incidencia de lesión”.

Detrás de la “enfermería” hay ciencia, innovación, tecnología. Hay un universo que contiene a un futbolista lesionado.

Nicolás Rotnitzky

Redactor Analitica Sports

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