Monchi es el gurú de las transferencias. Su metodología colocó al Sevilla en la elite del fútbol europeo. La virtud que más admira el ambiente del fútbol del director deportivo es su ojo, su facilidad para encontrar oro en medio del pantano. No es casualidad ni magia. Monchi tiene una fórmula donde combina scouteo, datos, contactos e intuición, pero que se basa en una premisa: Sevilla ya sabe cómo es el jugador que necesita incluso antes de empezar a buscarlo.

Los buenos directores deportivos -y Monchi al tope de la lista- definen el estilo de juego del equipo. El sistema no está atado al entrenador: es el entrenador quien se adapta a la forma elegida por el director deportivo. Ese movimiento lo facilita todo: la premisa funciona como eje para delimitar cuáles son las características (y esas características también se respaldan con datos) que debe tener cada futbolista según el puesto y la función que debe cumplir en la cancha. Monchi tiene claro cómo debe ser su defensa central, cuántos centros tienen que lanzar sus laterales, qué virtudes precisa de sus volantes creativos. Primero definen el prototipo de jugador, y luego ven cómo se llama.

El principal secreto del Sevilla radica en su área de scouting. “Si buscamos de la misma manera y en los mismos sitios que los otros, vamos a encontrar lo mismo que el resto”, le dice un importante director deportivo latinoamericano a ANALITICA SPORTS. Monchi conoce todos los secretos del scouteo. Cazó a Dani Alves en un sudamericano sub-20 cuando esos torneos eran tierra desierta para los scouts europeos. Lo pagó 800.000 dólares al Bahía de Brasil, y lo vendió por 42.000.000 dólares al Barcelona. En el medio, el lateral ganó varios títulos en Sevilla. El propio Monchi lo cataloga como “el jugador que más orgullo le dio descubrir”.

En la secretaría técnica del Sevilla (que no es lo mismo que la dirección deportiva, tal como explicamos en este artículo) trabajan diez scouts full time. Al principio de la temporada, cada scout recibe una asignación: una liga importante (Francia, Italia, Brasil, Alemania, Argentina) para cubrir con profundidad, dos campeonatos de segundo orden (Polonia, Suiza, Colombia) para seguir de cerca, y un grupo de países con menor relieve futbolístico (Perú, Bolivia, Paraguay) donde siguen a los seleccionados juveniles o a aquellos equipos que participan en torneos continentales, ya que estiman que los mejores futbolistas están en esos planteles. En total, peinan entre 40 y 45 ligas de todo el mundo. No se les escapa nadie.

En la primera etapa, el mecanismo de seguimiento es básico: miran todos los partidos por televisión y puntúan a cada futbolista con una nota que va desde A (hay que contratarlo ya mismo) hasta D (gracias, pero no). Cualquiera que es rankeado A o B es seguido más exhaustivamente con análisis de video. Y luego van a verlos en vivo, una etapa vital para tomar la decisión final. En el medio, utilizan big data para hacer una filtración más amplia: aquellos que no alcancen los indicadores que necesitan –y que saben– que el puesto demanda se caen de la nómina.

Cuando llega octubre todos los scouts son convocados a una reunión. Ahí deben presentar un once ideal compuesto por jugadores de cada una de las ligas que están siguiendo

Cuando llega octubre todos los scouts son convocados a una reunión. Ahí deben presentar un once ideal compuesto por jugadores de cada una de las ligas que están siguiendo. De esos equipos ficticios, el club construye varios equipos ideales para reemplazos y siguen a los futbolistas durante el resto del año. Hacen reportes internos y van acumulando información estadística y contractual de cada uno. En marzo, la lista se corta en 200 jugadores, y ahí aparece el toque de Monchi: descarta a aquellos que están por fuera del alcance económico del club, como ocurrió en 2018 con Joao Félix, a quien descubrieron en Benfica pero lo desecharon por su altísimo valor: Atlético Madrid desembolsó 126 millones de euros para llevárselo. Tampoco son tenidos en cuenta los futbolistas que son difíciles de sacar de los clubes (por cuestiones afectivas o contractuales) y los profesionales cuyas personalidades son conflictivas, una faceta a la que el director deportivo le presta mucha atención. El shortlist es más breve en abril: ocho jugadores por puesto. Entonces, Monchi empieza a llamar.

 

El entrenador no queda apartado del proceso. Mantiene reuniones permanentemente con Monchi y juntos definen cuáles son las necesidades del plantel: qué futbolistas están en un buen momento para ser vendidos, cuáles no serán tenidos en cuenta, a quiénes hay que renovarles el contrato, arman el plan de sucesión para conocer a los juveniles que tienen potencial para ser promocionados al plantel superior y, después de todo ese proceso, deciden cuáles son las posiciones en las que precisan refuerzos.

El entrenador no queda apartado del proceso. Mantiene reuniones permanentemente con Monchi y juntos definen cuáles son las necesidades del plantel

Cuando detectan las falencias, corren los nombres: a veces, el entrenador propone a jugadores que ya dirigió. Monchi no incorpora futbolistas sin estar convencido: no quiere quedarse jugadores que no son de su agrado cuando el técnico se va. Pero cuando saben en qué puesto precisan sumar, sugiere a tres o cuatro jugadores validados por él y su secretaría técnica para que el técnico decida cuál es su orden de prioridades: “Cuando se coincide con el entrenador en un jugador, hay que firmarlo, porque ya son dos para defenderlo y no solo uno”, dice Monchi en una entrevista con El Confidencial.

Ahí, entonces, se ejecuta la operación. Monchi encontró más de una vez agua en el desierto. Muchas veces apostó por futbolistas en bajo nivel pero con buenos indicadores de rendimiento, como Éver Banega, quien no rendía en Valencia pero se luce en Sevilla. Otras, halló a figuras valiosas en equipos de segundo orden europeo, como Diego Carlos, marcador central de alto nivel en el equipo que jugaba en Nantes, o Lucas Ocampos, que brilla en Sánchez Pizjuan. Sea como sea, todos son elegidos por el mismo ojo. Por la misma metodología.

Nicolás Rotnitzky

Redactor Analitica Sports

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