Diego Giacchino llegó a Carlos Queiroz como quien llega a un sitio inesperado. No lo conocía y ni siquiera había estado cerca del entrenador portugués que había pasado por el Manchester United y el Real Madrid. Giacchino conoció a Queiroz después de participar de un documental de Discovery Channel: Bruno Mazzioti, colega que también había estado en el documental, lo recomendó ante el prestigioso entrenador.

Así llegó al cuerpo técnico del seleccionado de Irán en 2013, así estuvo a dos minutos de conseguir un empate histórico ante Argentina en el Mundial de Brasil de 2014, así estuvo a punto de clasificar a octavos de final en el Mundial de Rusia 2018, y así quedó en el borde de la final de la Copa Asia 2019. Ahora están juntos en Colombia, donde buscan mantener la vara que dejó José Pekerman.

Diego Giacchino: en Brasil 2014 fue PF de Irán bajo la conducción de Carlos Queiroz

Giacchino es argentino, preparador físico y se especializa en evaluación deportiva. Es uno de los hombres de confianza del portugués: se vincula con los clubes, recopila y analiza datos de rendimiento, diseña los trabajos de los entrenamientos, busca la mejor manera de tener al plantel óptimo para la competencia. La próxima competencia de Colombia empieza este sábado, cuando se mida con Argentina en el arranque de la Copa América de Brasil. Colombia empieza un proceso nuevo con Queiroz, un especialista en selecciones. En ANALÍTICA SPORTS dialogamos con él sobre cómo es la metodología de trabajo y cómo se manejan los datos en un combinado nacional. 

-Vos tenés dos experiencias como integrante de cuerpos técnicos de selecciones con algo que suponemos: una cosa es trabajar en Irán y otra en Colombia. Imaginamos que a los jugadores de Irán los tenías mucho tiempo y a los de Colombia, ocasionalmente. ¿Cómo cambia tu tarea con uno y con otro?

-Indefectiblemente el tiempo afecta. La preparación física de una selección es muy particular. En general estás dedicado a muchas otras cosas más allá de la preparación física porque el tiempo con los jugadores es muy poco: solo en el periodo de competencia podés tener una injerencia mayor. En Irán teníamos una injerencia más alta: empezamos con el 90% de los convocados en el torneo local, y terminamos la Copa de Asia del 2019 con el 80% de los jugadores afuera de Irán. Eso muestra un crecimiento: se valoró a los futbolistas y se fueron al exterior. Obviamente, cada uno en sus ligas. Nosotros teníamos mucho acceso a los jugadores en el medio local.

-¿Cómo era ese acceso?

-Semanal. Los últimos dos años venían a entrenar con nosotros los lunes: si jugaban el domingo, el primer día posterior al partido y el siguiente hasta el mediodía trabajaban con el seleccionado. Eso marcó una diferencia.

-La famosa selección local…

-Claro, pasa que no la tenés acá en Colombia. Y jugabas con las falencias de los clubes. Los chicos entraban dentro de un programa de recuperación, de seguimiento médico, kinesiológico… no es que después del partido podés hacer milagros, pero se acostumbraron a un formato de trabajo que generó un plan de trabajo que nos ayudó muchísimo. Notamos una diferencia. Si vos tenés a un jugador físicamente mejor preparado, acepta mejor las cargas cuando trabajás con una determinada intensidad y mejora los tiempos de recuperación. Es muy difícil de medir, pero estoy convencido de que nuestros jugadores optimizaron su recuperación en base a toda esta metodología. Ellos se sentían mucho mejor. Se les tornó un hábito. No querían cambiar, querían hacer lo mismo porque se sentían bien.

-Hay un discurso único que dice que tal o cual futbolista “vino mal de la selección”. ¿Qué significa ese “vino mal de la selección”?

-A ver, por ejemplo, yo puedo decir que en los últimos viajes a Japón y Corea que hicimos con la selección no entrenamos la cantidad de días ni con la intensidad que normalmente trabajaríamos. Si me decís a mí, si a algún jugador le tocó no jugar, debería haber llegado en una condición física más baja de lo que se fue. O sea: viajó, entrenó poco y encima no jugó.

-Ese cóctel rompe el ciclo de entrenamiento al que el jugador viene habituado. ¿Ese es el gran problema?

-No tengas la menor duda. Mi técnico (Carlos Queiroz) nunca convoca más de 23 jugadores porque trata de que todos puedan entrenar, porque busca que cada entrenamiento tenga dinámica y no haya ningún jugador esperando. No llevamos sparrings, no llevamos nada. Son metodologías. La forma de trabajo de Carlos es esa: todo el mundo está activo, no hay nadie parado en ninguna práctica.

-Queiroz es un especialista en selecciones: está claro que no es lo mismo que dirigir en un club.

-Dirigir a un seleccionado es muy particular. Tenés que ser una persona que logre generar dentro de las federaciones, de cada jugador y del cuerpo técnico ciertas particularidades que te permitan dar en el clavo en muy poquito tiempo. Hay que tener muchas especificidades para poder estar ahí. Y después, la selección demanda un volumen de horas de trabajo que es absurdo: una cantidad de tiempo enorme haciendo análisis, buscando información…

-El trabajo invisible.

-El trabajo invisible es muchísimo. Carlos es súper exigente con todo esto. A veces es información que después no se utiliza, pero la tenés que tener. Y uno trata de optimizar su tiempo, la información que llega. Hay muchas particularidades que hacen a un técnico de selección. Tampoco es fácil bajar un concepto en tres entrenamientos. A mí me cuesta muchísimo escuchar hablar a mucha gente del ámbito deportivo, o no deportivo, sobre lo fácil que parece que juega una selección: “¿Cómo puede ser que con estos jugadores no ganemos, que este jugador no rinda acá?”, dicen. Yo sé que hay que llenar páginas y poner la alarma en rojo para que te escuchen. Lo entiendo. Pero uno no puede salir a hablar en contra de eso porque es ponerte una espada de Damocles…

-¿Sirve esconder la información?

-Hay cosas que sí y hay cosas que no. Hay cosas que están buenas para mostrar porque nos harían crecer a todos, hay cosas que hay que tener guardadas hasta el momento en que sean públicas para todos: si hubo un técnico que se durmió un poquito y no lo vio, ¿por qué le voy a mostrar que Carlitos corre 1600 metros por arriba de 25 kilómetros por hora? Si él se durmió, quizás puedo sacar ventaja. La información, siempre digo, es importante y tiene que estar al alcance de todos porque te puede hacer crecer.

-Esa es una mirada, en el buen sentido lo digo, deformada del fútbol. Porque la NBA no te esconde nada, de hecho colecta. Sabés todo, te lo da, si total cuando hagás algo, te cambio la jugada y chau…

-En realidad eso mejora al deporte: hace que los técnicos y los jugadores sean mejores, deja afuera a gente que no tiene las condiciones para hacerlo.

-La comparación es caprichosa porque tenés un deporte donde cada acción termina en un punto, y en el fútbol rara vez pasa.

-Te la hago diferente: ¿para vos está mal que Marcelo Gallardo no dé el equipo antes del partido?

-Yo descubrí en el Mundial de Alemania que la fiebre de conocer la formación del equipo al día siguiente de que terminó el partido anterior y cinco días antes del próximo partido, era solamente argentina. Vos ibas a ver los partidos de Alemania y preguntabas: “¿Cómo va a formar?” Y los periodistas te respondían: “No sabemos”.

-Te agrego una más que no lo hace: cualquiera donde dirija esté Queiroz.

-Los periodistas me decían que no era importante conocer la formación con tanta anticipación.

-Pero esa es una mirada del periodismo. Es para los periodistas. Preguntale al técnico si no es importante. Es radical saber cómo va a formar el otro. Con las estadísticas que hay, yo ya sé si ese pibe entra siempre para adentro o no, si tira los centros por afuera, sé cómo va a ser la pelota parada, o lo puedo intuir. Para el técnico que se fija en cómo juega el otro para parar a su equipo, es relevante saber cómo va a jugar el rival. Preguntale a Marcelo Bielsa que lo sancionaron por investigar a sus rivales…

 

 

 

-Pero después Bielsa dijo que no sirve para nada…

-No, bueno… El técnico quiere ver hasta de qué color tiene los calzones el delantero rival. Quiere saber quién va a jugar para conocer cuántas veces tira de un lado, cuántas del otro, y ver qué le va a recomendar al futbolista. Aunque después haya muchas variables, vos para ganar un partido tenés que tratar de achicar todos los márgenes posibles. ¿Por qué en la charla técnica el entrenador pide que no hagas hombre y que cubras el espacio? Porque sabe el movimiento que van a hacer. Hay muchas cosas que demuestran que es relevante conocer. Y para eso están las estadísticas, más allá del negocio de la tecnología. Hoy por hoy, la estadística es una herramienta impresionante, aunque no hay que sin enfrascarse.

-Alguien nos planteaba que es más importante enfocarte en tus virtudes como equipo que en mirar lo que hace el otro y trabajar para adaptarse a cómo juega el contrario. 

-No hay duda. Primero tenés que entender claramente tus virtudes para saber cómo va a jugar tu rival, para comprender si tus virtudes pueden ser suficientes como para poder bloquear o lastimar al contrario. Lo primero que tengo que saber es con qué jugadores cuento para ver cómo voy a jugar al fútbol: saber qué puedo pedirles y qué no puedo pedirles.

-O sea, primero tu equipo y después el rival, pero vos querés saber hasta qué calzones tiene el delantero contrario…

-Es que lo principal es saber lo que tenés para buscar perfiles de jugadores que se acoplen al estilo con el que te gusta jugar. Si el entrenador considera que su esquema de juego es 4-3-3 y siente que, por versatilidad, es el mejor sistema para defender y para atacar, y necesita un volante central que gane de arriba y pueda jugar solo como pivote, entonces va a buscar a un determinado jugador. Si vas a jugar así, necesitás dos laterales rápidos de ida y vuelta. Entonces, si vos tenés datos del GPS y dentro de lo que analizás normalmente ves que este pibe tiene tanta distancia en alta velocidad, vamos a suponer si tuvieras una buena herramienta de match análisis, yo sé que lo hace, y puedo contar eso para mí sistema de juego.

Nicolás Rotnitzky

Redactor Analitica Sports

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