El tenis tiene un lugar común. Cada vez que se da un partido maratónico, durante su mismo desarrollo, se piden cambios de reglas que acorten el juego. El tenis es un deporte sin parámetros claros de duració. No se juega sobre una determinada unidad de tiempo. En ocasiones, ni siquiera se sabe a que hora comienza un partido porque está programado al término de un duelo previo en una misma cancha.

La semifinal de Wimbledon ganada por Kevin Anderson a John Isner (7-6, 6-7,6-7, 6-4, 26-24 en 6 horas 36 minutos) reactivó ese tipo de comentarios. Pero las estadísticas demuestran que este tipo de partidos son excepcionales. Y muy excepcionales. Game Insight Group, una unión de expertos en datos de Tennis Australia y la Universidad Victoria de Melbourne, analizaron estadísticas históricas de Wimbledon para determinar cuál es la extensión promedio de un quinto set  (donde no hay tie break) entre los hombres y las mujeres.

En el tenis masculino el 26 por ciento de los partidos terminan con el marcador 8-6. La línea de corte de un resultado final en 14-12, abarca el 2 por ciento de los partidos. Por lo cual, encuentros como el de Anderson-Isner apenas llegan al -1% de las ocasiones. En mujeres el 8-6, el 46 por ciento de los partidos de un quinto set concluyen en 8-6, mientras que el límite de juego, fuera de todo rango representativo, se establece en el 16-14 como un marcador extremo

Las conclusiones son interesantes porque durante la atención global que se generan sobre este tipo de partidos, con el desagaste al que naturalmente se ven sometidos los tenistas al jugar más de 6 horas, se toma como parámetro lo que en realidad es una medida de rendimiento muy fuera de lo común. Lo suficiente como para que se pueda establecer como idea principal que pedir un cambio de reglamento, no es algo que esté justificado por las estadísticas que entrega el mismo deporte.

Redacción Analítica Sports

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