Reconozco que tomé la invitación de la Asociación de Clubes y Catapult Sports como un gran desafío.

Hace dos décadas que juego al básquet y siempre fui obsesivo con mis estadísticas. Anotaba mis puntos, mis rebotes, mis asistencias, mis pérdidas e incluso porcentajes de efectividad. Era sencillo si había una planilla oficial que recopilara todos esos datos pero la faena se dificultaba cuando todo dependía de mi memoria. Los datos no eran exactos pero me divertía documentar mis actuaciones.

Catapult – Partido y capacitación

El evento que se celebró en Obras en el marco de “Tecnología de Liga, presentada por Catapult” recopilaría mi rendimiento físico por primera vez en mi carrera amateur. Cuando uno pasa tantas horas sentado en la redacción, come mal y entrena poco, el temor al papelón es cada vez mayor. Sin embargo, y confieso que dudé hasta último momento, me sumé a la experiencia y me sometí al mismo sistema que utilizan los 20 equipos de La Liga argentina y otros tantos de la NBA.

Ya en Obras, el equipo de Catapult Sports nos entregó un top deportivo a cada uno de los 18 participantes que integraríamos la actividad. Una vez colocado, nos agregó en un pequeño compartimento diseñado en la zona del cuello un pequeño dispositivo electrónico con un número asignado a nuestro apellido que cuenta con un giroscopio, un magnetómetro, un acelerómetro y un GPS. El deportista suele mirar de reojo todo lo accesorio con el prejuicio de que afectará a su comodidad. Nada de eso pasó: dos minutos después ya me había acostumbrado a su presencia.

Los 18 jugadores fuimos divididos en seis equipos de tres jugadores y disputamos un torneo todos contra todos en media cancha. Cada partido duró cuatro minutos. Entre nosotros -y en equipos rivales- estaban el medallista olímpico Juan “Pipa” Gutiérrez, el base de Obras Basket Fernando Zurbriggen y la ex jugadora y actual periodista Julieta Espósito. El equipo campeón se llevaría a casa un dispositivo similar al que estábamos usando. Otra confesión: siempre me gustaron los escenarios adversos.

Mi equipo ganó cuatro partidos y empató uno, al igual que otro de los seis combinados. Para desempatar tuvimos que enfrentarnos nuevamente al combinado que lideraba Fernando Zurbriggen, con quienes habíamos igualado en el primer duelo. El resultado fue calcado, definimos desde la línea de libres con un lanzamiento por jugador, encestamos los primeros dos y triunfamos antes de que lanzara el talentoso base de Obras.

En uno de nuestros descansos me acerqué adonde estaba instalada la computadora a la que se transmitían los datos en vivo y pude observar como se iban recopilando los datos en tiempo real por intermedio de la antena instalada a un costado. Mi rendimiento estaba determinado por cifras que, ya consagrados campeones y tras recibir nuestros premios, fueron enviados directamente a mi casilla de mail. Había llegado la hora de la verdad.

Esa es la planilla que me llegó a mi correo con los datos de los cinco partidos de la “fase regular”. Mi primera reacción fue de asombro ante su precisión: el dispositivo no solo había monitoreado mis cargas sino que también sabía cuantos saltos había realizado y cuantos esfuerzos explosivos había protagonizado. Además había individualizado mi rendimiento por partido y promediado mi intensidad durante toda la jornada.

Me quedé contento con mi actuación cuando Luciano Tomaghelli, Head of LATAM at Catapult Sports, confesó que el promedio de intensidad de un jugador de la liga nacional era de 9.50. El mío, 9.04, no estaba tan lejos aunque hay una trampa a mi favor: yo jugué partidos de cuatro minutos en una mitad de cancha y los profesionales lo hacen durante cuarenta minutos a lo largo de toda la duela en un contexto de constante exigencia.

La objetividad de los datos es inapelable y someterse a su análisis en cada actividad física permite crear una base de datos precisa y detallada que, analizada por un preparador físico, permitirá dosificar cargas, entrenamientos, trabajos y minutos. Pero esa ya no es mi tarea. Conforme, me volví a casa feliz con un dispositivo bajo el brazo que usaré cada vez que la vida sedentaria que llevo me de un espacio para hacer deporte.

Matías Baldo

Redactor de Analitica Sports. Productor de contenido en NBA.com. Colabora en La Nación y en el New York Times en Español.

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